viernes, 7 de diciembre de 2018

¨El Decreto que regula ahora la política cultural en Cuba: 349¨


¨El Decreto que regula ahora la política cultural en Cuba: 349¨


Como consecuencia de la actualización del mundo digital y su posibilitad absoluta de interactuar con él de muchas maneras, el pueblo cubano ya se comunica con todo lo que entienda, sin necesidad de solicitar el sagrado permiso Estatal para todo. Esta es la razón por la cual más de una opinión y más de una denuncia fue circulada en internet, relacionadas con el controvertido Decreto 349, que regula ahora la política cultural cubana y la labor de la totalidad de sus exponentes.
Este Decreto fue hecho público a la ciudadanía cubana a través de la Gaceta Oficial de La República No. 35, desde el martes 10 de julio del presente año. Una vez transmitido por este medio, las opiniones, protestas y denuncias no se han detenido, por parte de los protagonistas afectados por este Decreto, que son los trabajadores que no son oficialistas. No tener un pensamiento oficialista en Cuba puede acarrear diferentes consecuencias que perjudican socialmente a un individuo, en más de una esfera de la vida. Y el trabajo y el desempeño laboral de una persona es importante en cualquier parte del mundo. En Cuba se reviste de importancia por sus características especiales.
Hoy, el 30 de noviembre, cuatro meses después de la difusión de dicho Decreto, el diario oficial Granma, Órgano del único Partido legal, detalla un rendimiento de cuenta a través de una entrevista realizada a Alina Estévez, Directora de Recursos Humanos del Ministerio de Cultura de Cuba.
En la misma, Estévez ofrece el punto de vista gubernamental sobre el contenido del mismo, reconociendo la oposición, la resistencia y el enfrentamiento que ha suscitado esta nueva Ley. Sin embargo, justifica que la gestación de esta herramienta legal se encuentra en la exposición de múltiples quejas de la formación artística oficial institucionalizada.
El Decreto 349 fue presentado en la Gaceta Oficial como una legislación del Consejo de Ministros, con el objeto de controlar la política cultural, así como la prestación de los servicios artísticos y su comercialización. En él se condena, en su capítulo I, artículo 2,1 (e) a todo ciudadano cubano, que preste u ofrezca actividades comerciales artísticas, sin estar autorizados por alguna Agencia Estatal. La comercialización de los productos artísticos independientes o libres sin la fiscalización gubernamental quedará expuesto como delito a partir de la fecha de la puesta en vigor del controvertido Decreto.
De la misma forma, a través de su Capítulo 4.1 (b), se impide que se establezcan espacios de comercialización para las artes plásticas, obligando a los creadores a inscribirse en el Registro del Creador de las Artes Plásticas y Aplicadas. Y llega a sancionar incluso a la persona que contrate cualquier tipo de servicio sin que se establezca el mencionado Contrato de rigor establecido.
Para la comercialización de libros también se despliegan regulaciones, expuestas a la opinión del gremio comunista de la nación, en cuanto a la antiestética y cultura se refiere, excluyendo la opinión de quienes opinan diferente. Cuando en realidad, a nivel mundial las formaciones comunistas son minoritarias.
Para tener la oportunidad de aclarar o justificar la imposición de que todo artista cubano, profesional o aficionado autodidacta debe de estar controlado por las Agencias del Estado, como si lo necesitaran de forma imprescindible para vivir, Alina Estévez explica que a través de sus organizaciones, los artistas institucionalizados han demandado que medidas como estas sean tomadas. Un ejemplo que muestra Estévez, en que cita un análisis realizado a un espectáculo, donde se consideró un uso inadecuado de la bandera cubana, constituye en realidad una politización de esa puesta en escena. Continuar dominando con mano de hierro a la población del país es el verdadero objetivo, aunque se pretenda hacer con un ropaje de piel de cordero.
De la forma en que se desarrolla esta exposición en esta entrevista puede observarse que esta subalterna enfoca un criterio de manera victimista. Donde da a entender que la víctima es el Gobierno cubano, pues según palabras este Decreto fue ideado y creado para proteger a los escritores y artistas, oficialistas o no. Lo que no esperaron quienes lo crearon y dieron luz verde a él fue la respuesta y el encaro que ha presentado posteriormente.
Las circunstancias en Cuba de hace 60 años atrás no son las actuales, donde una persona puede hacer una denuncia sin tener que solicitar una autorización o un  permiso al dictatorial Estado. Hoy día se tiene la oportunidad de opinar, de disentir y de expresar sin miedo y con total libertad lo que el individuo piensa. De cierta manera, a internet le decimos: gracias... Ya sea porque puede observarse el ejemplo de otros países y democracias y ya sea porque permite publicar y divulgar los acontecimientos cubanos que se pretenden ocultar, etcétera.
La oportunidad de la discusión y de las propuestas para los cambios necesarios indudablemente retiran el velo impuesto y conducen a reflexionar que: expresar a través de un funcionario que ¨se producen violaciones arbitrarias a la política cultural del país y que con este Decreto se detiene la oleada globalizadora y sus imitaciones nacionales¨ es pretender justificar lo increíble que en todo caso se convierte en un empuje violento de las políticas sociales.
Pero todavía más… Estévez revela que… ¨El Decreto 349 no se refiere a la creación artística ni a sus contenidos, él está llamado a operar sobre la circulación, no sobre la producción de la obra¨. Ya que sin ninguna pena expresa esto, valdría el momento para preguntarle: Sra. Estévez, ¿qué autor crea una obra para no venderla o publicarla? ¿Una Ley Artística y Literaria no puede ser debatida por los trabajadores que viven de ella? ¿Es una obligación estar de acuerdo en todo? ¿Constituye un pecado protestar?
 Las obras que se conciben en una forma artística o en otra, están de hecho forjadas para ser evaluadas y comercializadas. Puede decirse que este Decreto exhibe sin lugar a dudas, que más que controlar el hecho artístico en sí, controla la politización del arte cubano. Formular esta expresión, como apología, representa la confirmada desilusión que van sufrir todo intérprete o literato en Cuba que no desee formar parte de las Instituciones comunistas. 
El argumento desplegado de que… ¨la creación artística y literaria cubana comprometida con el Proyecto Social es la premisa fundamental de esta necesaria regulación¨, demuestra en realidad la oposición del régimen al derecho de cuestionamiento que tienen sus ciudadanos, como bien se desacredita en el mencionado artículo, el derecho de querella a la relación impuesta entre los artistas y las Instituciones.
También el verdadero sentido legal de este Decreto se revela cuando es manifestado que…¨no se va a permitir que sea el mercado y las tendencias artísticas quienes establezcan las jerarquías¨. Para finalizar que… ¨ha sido creado para la máxima protección y promoción de todos los artistas y literatos de todo el país¨.
 ¿Será posible creer que este Decreto es tan Súper protector, así de tan bueno?
Es para reírse… Este Decreto de hecho obliga y empuja al artista aficionado cubano a la mentira, al trabajo irregular, al comercio ilícito y finalmente a la corrupción.
Inevitablemente si la política cultural cubana se proyecta convirtiendo en un delito hasta el derecho de comercializar un libro, pues estas serán las consecuencias sociales. Algo digno de análisis, pero irrebatiblemente, a un análisis al que todos los cubanos tienen derecho. No somos los esclavos de los Reyes. El siglo XXI así lo demuestra.

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